Sierra Acosta, creadora de paisaje

Julio César Abad Vidal[1]

 

            La obra de Mabel Sierra Acosta (Madrid, 1960) se caracteriza por una estética cimentada en una depuración del paisaje, hasta el extremo de la abstracción, para que la que recurre con frecuencia a una construcción visual mediante un delicado recurso al collage. Se trata de una enunciación marcadamente lírica, carente de toda violencia, como de atisbo alguno de asunto, de anécdota, de contenido narrativo. Un trabajo que descuella por su carácter intuitivo, transmisor de sensaciones, abierto a una acogedora, hospitalaria interpretación.

Formada en «El Estudio» bajo la dirección del maestro de la abstracción Francisco Soto Mesa[2] entre 1994 y 1998, la mirada de Sierra Acosta ha sido, desde que alcanza a recordar, embriagada por la cultura visual clásica china y japonesa, que admira en sus elementos formales. Una seducción a la que ha sumado más recientemente el estudio de la pintura con tinta china sobre papel de arroz de la escuela coreana. En el primer caso, como ha recordado nuestra pintora en un texto inédito redactado a modo de presentación de su propuesta artística y estética,

conservo el recuerdo infantil de ciertos objetos decorativos en casas de familiares y amigos. Pequeñas figuras de porcelana, platillos o máscaras en las paredes del patio asomando entre las plantas. Algún kimono también. De la curiosidad que me producían todos esos objetos extraños, delicados y que yo encontraba extraordinariamente misteriosos, proviene este «particular orientalismo» que es realmente un recuerdo personal y repetido.

 

Y, efectivamente, pueden encontrarse recortes con imágenes de cerámica china, y otros elementos del repertorio visual de Extremo Oriente en algunos de sus más delicados collages. Por su parte, en lo referente a la pintura coreana, Sierra Acosta cursó en 2014 un taller de pintura a la tinta china sobre papel de arroz impartido por una profesora coreana, disciplina que recibe el nombre de hangukkwa[3] en el año académico 2014-2015.

La pintura coreana presenta unos motivos extraordinariamente estandarizados que, no obstante, conocen variaciones de acuerdo con la mayor o menor destreza del aprendiz, y de su propia personalidad y estado de ánimo. Los motivos con los que se instruye a los principiantes son cuatro, recibiendo el nombre de «los cuatro caballeros»[4]. Estos «cuatro caballeros», o Sagunja 사군자[5], reciben su nombre tanto por la naturaleza virtuosa (y simbólica) de sus motivos, cuanto por el hecho de que quienes profesaban los estudios clásicos precisaban dominar estos asuntos en su formación pictórica. Motivos que a menudo eran acompañados de textos caligrafiados, en los que importa tanto su caligrafía cuanto su significado. Estos «cuatro caballeros» se refieren –y los citaremos por orden cronológico en el camino formativo de su aprendizaje– a sendos elementos de la flora china. Se trata de la orquídea, o nanchogwa 난초과 (蘭草科), el bambú, o juk (竹), las ramas del albaricoquero japonés, un tipo de cerezo, cuyo nombre común es Prunus mume, o maesil매실 (梅實), y el crisantemo, o kukgwa 국화 (菊花).

En efecto, entre las obras de Sierra Acosta se encuentra a menudo la presencia –y siempre recurriendo a la técnica del collage– de algunos fragmentos, que nunca obras completas, de representaciones en tinta china sobre papel de arroz de orquídeas, bambú y ramas albaricoquero japonés en flor. Fragmentos que son contestados por la presencia de otros elementos de diverso cromatismo y distintas texturas, como ocurre, por ejemplo, en la serie aquí expuesta «6 Orientales», un conjunto de seis pequeños collages montados sobre tabla (de 18 x 11 cm c/u) realizado en 2019.

Podría considerarse que el trabajo de Sierra Acosta tiene en el collage su expresión más personal, mientras que el núcleo temático de su obra pictórica podría identificarse con una cierta abstracción de la naturaleza. Sus obras crean paisajes evocadores que no existen, pero que reconocemos, recuperando experiencias. Entendemos la aparente yuxtaposición que concitan sus collages como una composición totalizadora, pero no en un sentido centralmente visual, sino como una reunión de aspectos heterogéneos que identificamos, al fin, con procesos multisensoriales. Los fragmentos que comparte Sierra Acosta abundan en aspectos que desbordan el meramente visual. Nos referimos a su énfasis en la textura, que predica mediante la comparecencia de fragmentos de papeles exquisitos, lo que sorprende a una mirada habitualmente rozadora de superficies prístinas. Los ojos se mecen, y son acariciados. La obra de Sierra Acosta transmite afabilidad y candidez. Sus fragmentos no remiten a la escisión, cuanto a la idea de comunidad. Pareciera, así, que en sus collages Sierra Acosta evoca no solo el paisaje que se ve, sino el que se mira: una experiencia integradora que excita, además de naturalmente el sentido de la vista, el del tacto, y los aromas.

Por su parte, la obra pictórica de Sierra Acosta, aquella que presenta una composición unitaria, integral sobre una tela, ofrece, las más de las veces, una aproximación a fenómenos naturales en los que la figuración es tensionada hasta alcanzar sugerencias que rozan la plena abstracción, como ocurre en dos obras líricas tan sugerentes y seductoras como Tierra sombra 1 (2017, óleo sobre papel, 41 x 20 cm) y Tierra sombra 2 (2017, óleo sobre papel, 41 x 20 cm).

En este sentido, uno de los conjuntos pictóricos más notables de Sierra Acosta, y que comparecen felizmente en la presente exposición, es un tríptico pintado en el penúltimo de los cuatro años consecutivos que ha asistido al Curso Superior de Pintura de Paisaje de la Fundación Santa María de Albarracín, Teruel, y por el que fue agraciada con una beca de creación para la siguiente convocatoria. Nos referimos a Vegetación (2015, óleo sobre tabla entelada, 22 x 33 cm c/u), cuyas tres pequeñas pinturas de formato homogéneo establecen una encendida y fulgurante captura paisajística que parece haber arrebatado el sol del verano, arrebatándose en él.

[1] Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid. Es Doctor en Filosofía –Área de Estética y Teoría de las Artes–, Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM.

[2] Soto Mesa (Madrid, 1946) fundó «El Estudio» en su ciudad natal en 1978. Se da la circunstancia de que gran parte de los pintores que han comparecido con exposiciones individuales en el espacio expositivo de la Asociación Isegoría –por orden alfabético Isabel Carnicer, Isabel Gordillo, José Iglesias, Luis Luna, Romseneí, y el ya desaparecido Miguel Ángel Quindós– cursaron estudios en aquel mismo estudio.

[3] Hangukhwa한국화 (韓國畵en hanja –los sinogramas empleados en la escritura coreana–), significa literalmente “la pintura de Corea”.

[4] Para un sucinto análisis de la cuestión, vide MULLANY, Francis: Symbolism in Korean Ink Brush Painting. Kent, Global Oriental Ltd., 2006, pp. 16-31.

[5] Del chino, Sì Jūnzǐ (四君子). Esos «cuatro caballeros» reciben en coreano, asimismo, el nombre de Maerankukjuk 매란국죽 (梅蘭菊竹), por la identificación de sus motivos.

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